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Feliz tercer año del blog

   El encantador día de la fecha caigo en la cuenta de algo extraordinario: hoy hace exactamente tres años que inicié este blog.

Dicen que mantener un blog es arduo: no me consta.

A mí me encantaría tener el día entero para escribir al atento lector y contarle sin cesar toda clase de cosas.

Como hice el primer día, cuando la misión a Plutón de la New Horizons casi culminaba.

Como cuando vi esas asombrosas imágenes que me revelaban por fin aquella extraña imagen pixelada de mi infancia.

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De cómo plantar adecuadamente un rosal

Lo primero, naturalmente, debe de ser la rosa. Siempre es preferible, aunque no necesario, que se trate de un ejemplar particularmente hermoso. Lo tradicional es el rojo aterciopelado de los sueños; cualquier sueño. Una rosa grande y hermosa de muchos pétalos, de un tallo largo, muy largo, y hojas relucientes de charol verde oscuro. Es lo ideal; yo no conozco de variedades. Para empezar, puede ser una rosa rosada o roja bien bonita.

La segunda cosa ideal, es que la rosa sea un símbolo. Casi naturalmente. Uno regala un clavel por muchos motivos; un crisantemo es casi siempre una flor de cementerio, pobrecita. Las flores silvestres son una cosa joven e impulsiva; se recogen llenas de pensamientos, se entregan llenas de sentimientos. No duran mucho, pero son intensas, y casi siempre recordadas entre las páginas de un libro o el programa de una función de teatro o de cine.

Las rosas son caras y generalmente entregadas con el propósito de que ese valor les sea reconocido, con fines publicitarios en beneficio de la persona que las entrega: alguien que ama demasiado, o muy poco. Pero rara vez se las aprecia en su verdadera naturaleza: seres pasivos pero aguerridos, tan capaces de ser amantes como guerreros; seres bellos, pero con espinas tan capaces de lastimar como capaz de suscitar admiración es su belleza. Es importante que estés seguro o segura de tu rosa. Y de la persona que te la dio, o a quien se la diste. Y de vos mismo.

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Uno de una noche de luna. Pero termina bien.

Hoy te pongo un cuento viejo, muy viejo, a lo mejor porque me levanté nostalgiosa, como ansiando volver a tiempos más inocentes.

¿Quién se acuerda, acá por Argentina, de cuando el colectivo costaba un peso con setenta y cinco centavos y se pagaba con monedas?

A ver quién me detecta las otras antiguallas… Levanten la mano, que extraño el diálogo bloguero.

Eran las cuatro de la mañana y Ramón tenía en la billetera exactamente un peso con setenta y cinco centavos, la foto de los chicos y un recorte de la Conmebol. Era invierno, hacía frío, no había nadie en la calle y no era buena zona para dar una caminata a la luz de la luna, con alguna canción de los Plateros como música de fondo.

– Manos arriba, flaco, y no te movás.

Y una mierda que se iba a mover. El asunto estaba bien claro. Cuando el golpeteo de las zapatillas se convirtió en un zapateo americano muy remoto, Ramón volvió la cabeza. Qué chorro de mierda…

∞∞∞

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Hasta hoy, no se me había ocurrido hablar sobre esto. No hablaré sobre esto. Ilustre lector, inventá para la foto el epígrafe que quieras. Un día (ojalá llegue ese día), yo quisiera contarte en persona la historia de esa foto, porque son muchas palabras y cambian a cada momento, como las nubes, o la dirección de las lágrimas sobre tu cara, o vos, o yo.

Es una historia terriblemente  triste, quizás pude haberme ahorrado esta entrada, pero tenía que mostrarte la foto, tenía que mostrártela.

Passionale Dante

Buenas tardes distinguidos lectores. Aquí les va esta obra que me fue dejada en los comentarios al insigne poema ofrecido por nuestro común amigo, el Doctor Zaïus, y yo se los ofrezco a ustedes sin pedir autorización al autor, que para algo lo dejó librado al arbitrio y la dirección del viento en los comentarios de este blog, que como ya es sabido después pasa cualquier cosa.

Todo caso, que don Norberto Piñar se sirva indicarlo si se enoja, y lo devolvemos al agua del anonimato para que retoce en libertad…

Si no, muchas gracias por dejarnos leer su obra, que con los energúmenos que suelen frecuentar este blog nos iríamos al diablo en un dos por tres.

 

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