Archivo de la categoría: Los espartanos

Feliz día del Blog Nº 6 II

Ranas y tortugas

El sol, el amarillo, la mica del desierto

china-1457033__340   Ah, y entonces el destino. La Dama Fortuna haciendo el amor, y no haciendo, y una chica que espera en soledad a la vera del camino, a la orilla del río, y a veces tiene alas, a veces no tiene, y a veces gira y acierta y vuela más rápido que Hermes y está esperándote allá adelante, Hiperchica, y a veces se desconsuela y se pierde y no podés verla, y se queda tan atrás que ni siquiera puede verse a sí misma en el espejo, y hay ocasiones en que oh, es tan vieja como el tiempo, y está mirándote desde un futuro tan tan lejano que sus pupilas rojas y doradas están a un paso del Universo que nace, y que es blanco incandescente y no tiene ninguna composición, y tiene todo el pasado y el presente y el futuro de la chica apretados, comprimidos, esperando dentro de un Espacio Profundo que tiene el tamaño de la cabecita de un alfiler. Como si hubiera abierto un agujerito en el cielo por donde poder escaparse a otro lado a fundar un nuevo universo, empezar de nuevo, como la chica, que empieza una y otra vez, una y otra vez, un universo, otro universo, otro universo, y sólo puede verse a sí misma cuando está de espaldas. La chica que ha conquistado a Aión. La chica que ha conquistado Aión. Chica de espaldas. ¿Significa eso que tiene una nueva espalda cada vez?

   Ah, y entonces el destino, ¿qué es mejor creer o no creer? De creer ¿qué quedaría, una rana cabalgando sobre una tortuga? ¿Quién llega primero, la rana o la tortuga? De no creer, ¿qué quedaría? Las sombras y el polvo, las ruinas de Babilonia a los gritos, la chica a los pies de los escombros de Asiria y Caldea y preguntándole a Cartago y a Roma, a los gritos, hasta que no gritos pero sí chica con ojos grandes, secos, abiertos, de pupilas rojas y doradas, pobre chica que no sabe de qué pienso comer.

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Chica mirando por la ventana en esta hora especial

aquarium-1115778__180   Porque es la hora en que la chica ha decidido mirar por la ventana, babas del diablo por la ventana, aguaciles por la ventana, sol por la ventana, ventana por la ventana. Pensamientos de la chica como pececitos de colores y la chica que es toda arena y agua salada, y los pececitos que se aburren muchísimo porque los ojos de la chica son de cristal pero no de esa forma, no de la manera que permitiría a los pececitos una visión panorámica de otros mundos; no sirve como ventana, la chica, aunque sí como pecera. Los otros mundos se los guarda para ella sola y cuando los pececitos se vuelven demasiados sencillamente le salen por las orejas y se caen al suelo, y se mueren. Una pena. ¿Dónde guarda los otros mundos, la chica? Ah, es que se ha olvidado, la tonta, tonta chica. Es como ese asunto de la criba y la arena, la chica, por eso es que necesita tanto mirar por las ventanas. Pobres pececitos, margaritas a los chanchos.

   ¿Y por qué es la hora en que la chica ha decidido mirar por la ventana? No es fácil decirlo; es muy seguro que la chica no lo sepa en absoluto. Es una persona muy despistada y frecuentemente se olvida de las cosas importantes, y a las decisiones las toma como quien oye llover; ¿qué se yo por qué es la hora en que la chica ha decidido mirar por la ventana? Sería más fácil recitar todo el diccionario al revés hasta dar con ella, y conseguir después que lo explique. Al diccionario. A veces, la chica es como un ratoncito blanco de ojos rojos dentro de un laberinto de vidrio, pero a veces se comporta como un plumerillo o una velita o una brisa, y entonces no se puede razonar con ella; se pone imposible, se pone tan dura y tan fría que la esfinge no le ganaría, parece una estatua de sal o un menhir de hace setecientos años, o una estalagmita o un boleto de colectivo guardado cincuenta años entre las páginas de un libro deslomado. Andá vos a preguntarle a la chica por qué es la hora en que ha decidido mirar por la ventana.

bubble-1565479__180   La hora en que la chica ha decidido mirar por la ventana se parece muchísimo a todas las horas del mundo tal como han sido durante siglos. Pequeñas bolsitas metafóricas o abstractas o apenas hechas de un corto retazo de espacio-tiempo si elegís conectar dos puntos de un plano con una línea recta, cosidas, encerradas en el aire las bolsitas. Cada vez que el reloj cierra las piernas sobre el número doce, y las convierte en burbujas que se van flotando hasta que se diluyen sin que nadie las vea. Así hace la chica. La boca de la chica es tierna y es cálida y es rosada como la luz de los atardeceres cuando el sol se oculta en el campo, y el aire tibio se convierte en un céfiro. Pero la chica es un suspiro que aleja las burbujas de sí. Algunas ni siquiera tienen sesenta minutos.

   La chica pierde muchísimo tiempo así, pero aparentemente no le importa. Cuando la ves mirando por la ventana la burbujita nacarada que se aleja, parece feliz, como los borrachos, como si eso la saciara y la pusiera a flotar como los pececitos. Que también son nacarados, pero están en el piso y no tienen nada de aire.

(Imágenes de Pixabay)

Ahora, la chica ve cuerdas de guitarra por la ventana

cobweb-259283__180  Bueno, está bien. No son verdaderamente cuerdas de guitarra; son telas de araña, que flotan en el viento, bajo el viento, sobre el viento. Brillando, ondulando. Así. Entonces, la música que la chica escucha no puede venir de ahí. No de las telas de araña. ¡Ah! La música viene de la radio del vecino. De allá abajo, donde la chica no puede ver.

   Puede ser que la chica crea que las telas de araña eran cuerdas de guitarra, o de arpa, por todo el tiempo que ella lleva oscilando en la punta de una cuerda, como una araña o un ángel. No es nada; la chica se confundió. Estaba algo así como soñando. Ella simplemente creyó ver otra cosa; sabe perfectamente que no puede estar oscilando en la punta de una cuerda de guitarra. Ni de una tela de araña. La chica sabe a ciencia cierta que ella no es una araña. Ni un ángel. Son formas de decir un poco raras. Metáforas.

   Aún cuando la chica esté soñando, tendría que saber que no puede volar y que pesa demasiado para una tela de araña, o dos alas. Un pequeño bichito negro puede volar, pero no la chica. Ella puede soñar. Ella puede envolverse ella misma en una tela de araña, pero tarde o temprano, la desgarrará. Es lo mismo con las cuerdas de guitarra. Las cuerdas son para sostener notas, no chicas.

   Es por eso que las chicas cargan su propio peso, como los caracoles, sobre la tierra. Aún si sienten que flotan en el viento, sobre el viento, bajo el viento.

   A veces pendientes de una cosa tan frágil como una cuerda de guitarra, o una tela de araña.

(La imagen es de Pixabay)

Chica horrorizada ante tremenda araña que acaba de introducirse por la ventana

 spider-1150676__180  Y al principio la chica se siente inclinada a filosofar y decir alguna cosa agradable a propósito de las arañas; les debe tanto. Pero superada la primera impresión viene la segunda impresión yo Tarzán tú Jane, oh qué cacho de araña qué grande pican muerden todavía más grande te hacen pis encima y te dejan una gran roncha de tipo molesto e infeccioso, y la chica ya se imagina luciendo un vestido apretado de seda de araña legítima, completamente gratuito.

   La segunda impresión conduce a la chica en la búsqueda de un objeto acampanado de material duro y en lo posible transparente, y uno plano, con los que fabricar una estructura bivalvolar con la araña como inquieta perla. El objetivo es transportar a la araña fuera del territorio de la chica para que aquella pueda disfrutar de dicho territorio en paz, ya que es de índole modesta y no requiere para su felicidad de ninguna araña-inquieta perla. El objetivo también es transportar a la chica fuera del alcance de la araña, quien es perfectamente susceptible de disfrutar su territorio incluyendo a una chica.

   Los objetivos no son conseguidos, en parte porque el elemento transparente necesario strawberries-1464867__180para la estructura bivalvolar no se obtiene (usuarios potenciales de esos instrumentos se oponen enérgicamente a las intenciones ecologistas de la chica) y un elemento opaco no tranquiliza del todo a la chica, a quien no le gusta bañarse en el río porque no puede ver a los pececitos. La parte más importante en la no consecución de los objetivos de la chica se la lleva la aparición de la tercera impresión.

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Chica mirando a la ventana misteriosa (fresco, gatos, cucarachas, chicas)

stained-1289070__180   La chica lleva como cinco noches mirando a la ventana misteriosa. Ella ha vuelto a las antiguas ventanas doradas, azul profundo, estrellas, luna en cuarto creciente, los siglos, los libros, el vello oscilando en los brazos, las flores de ruda; cuántos siglos, cuántos libros, cuánta chica. La chica ha huido hacia la ventana no como una mariposita sino como una falena, una pequeña.

   Y a veces la chica, que no puede volar más de lo que solía hacerlo, se agarra a las rejas oxidadas de la ventana, vos vieras, horas y más horas, horas y más horas, hasta que presiente el sol que habitaba la ventana todos los días, ya no más. Y hete aquí que alto alto, creció otra ventana iluminada.

   La ha oído, la chica, la ha oído mientras ella misma cierra los ojitos, la misma hora, la misma luna, los mismos ojitos, y la chica sueña, sueña con la ventana misteriosa, piso siete, cree la chica, quién está en el piso siete, ojalá que no otra chica, las falenas pueden detectar feromonas a quince kilómetros de distancia, vi luz y subí, ¿acaso puede la chica? vi luz y bajé, ¿quién puede? cincuenta metros para arriba, cincuenta metros para abajo, cincuenta metros al costado, y fijate qué humilde será la chica que ni piensa en la mezquindad de las matemáticas, y ese poco de anaranjado en las palmas basta  para hacerla feliz.

   Mientras no vea a la chica.

   ¿Está la chica siendo observada?

   Oia, un aguacil.

   Buenas noches.

Este pequeño cuento está dedicado a Mario Perone, del taller literario Jorge Riestra, 1993.

(La imagen es de Pixabay)