Archivo de la categoría: Zen

Worlwide V: el reinado del brócoli – Capítulo V

Olive tenía las pestañas largas y arqueadas, y el color de sus ojos entre ellas era como el amanecer. Es decir, una vez que Billy se despojó de su cinturón de chorizos colorados. Bebía el agua que le tendía Mike, uno de los tres forasteros, con una piel tan sedosa como podría serlo el pétalo de una rosa, y casi con el mismo color. O sea una rosa rosada, no amarilla o blanca; qué ordinariez.

– Liv, dime que están vivos. Dime que están atrasados, pero que ya vienen. ¿Liv?

– Dilo, Liv. Dilo – susurró Evan.

La joven Olive cerró sus hermosos ojos de amanecer y dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

– Alan se cayó buscando la única palta que quedaba en el árbol. Kevin peleó con un jabalí en una zanja, por una batata. Terry se cayó al río tratando de alcanzar un camalote…

– ¡NOOOOO!!!!!!!!!!!!

Mike se arrojó al suelo para llorar su desconsuelo, arrancando en su desesperación matojos de trébol y de lichondra (ese yuyito que tiene hojas redonditas). En su frenesí, comenzó a devorarlos a puñados.

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Feliz día del Blog Número nueve

landscape-1328858__180   Hoy festejo mi noveno día del Blog, y estoy como siempre contenta. Tengo amigos nuevos, nuevos visitantes todos los días; más visitantes, y me alisto para poblar un mundo nuevo. Varios mundos. Acaso quizá más. Las manos que se me han tendido las he estrechado, con felicidad y agradecimiento, y ahora mis sueños tienen imágenes nuevas, hermanas de los mundos que ya colonicé con mi imaginación y mi corazón. Hace tantos años.

   Son mundos como puertas, que tienden puentes para mí, dentro de mundos confusos y nuevos de mi vida de hoy. Las décadas trazan límites entre nosotros, entre los humanos, pero yo las estoy franqueando, porque detrás de esos límites están mis mundos nuevos. Yo, que nunca supe el significado del tiempo, ya nunca lo descubriré. Es demasiado tarde. Me encuentro parada ante umbrales de maravilla y conocimiento; ante territorios nunca vistos, fractal-1280082__180y estoy por visitarlos. Aún no puse una sola palabra sobre esos umbrales, pero ya estoy soñando. Y sonriendo. Detrás de mis ojos, crecen y se abren los mundos, como flores nocturnas, como corolas púrpuras y violetas, visitadas por mariposas extrañas.

   El hambre de escribir no me abandona. Siempre voy detrás, y nunca me canso. Es la sangre de mi corazón. Seguiré tendiendo mis manos, en la confianza de que, en la oscuridad de mi nueva noche, continuarán siendo estrechadas. Seguiré escribiendo; tejiendo y destejiendo. Nunca me canso; siempre espero. En la confianza de que, en la oscuridad de mi nueva noche, habrá nuevos mundos todos los días.

   Sigo soñando. Es la sangre de mi corazón.

(Imágenes de Pixabay)

Feliz día del blog número ocho

nature-1265349__180   El número ocho es el importante, porque es el infinito. Me gusta pensar que llego al infinito. Es tarde y estoy cansada, pero no quiero dejar pasar más tiempo para agradecer por mi día ocho, porque tengo miedo de olvidar las cosas importantes que están sucediendo. Es que siento que me estoy volviendo visible, y tengo miedo.

   Una es escritora; una vive porque escribe; una vive buscando y arañando las salinas en el desierto y nadando con las foquitas en el mar que nunca ha visto, y se maravilla con el azul turquesa de las cuevas subterráneas de Islandia, que tal vez jamás verá. Una ha hecho las paces con el hecho de la soledad. Una teje de día y desteje de noche, y se eterniza en la espera de una verdad que tal vez nunca llegue.

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Feliz día del blog Número siete

images   Ayer fue el día del blog Número siete, y no puedo menos que estar contenta, porque el camino hasta ahora es breve, pero es un camino. Los caminos están hechos para andar, y no retrocedí. El territorio es nuevo y a veces oscuro, pero no tengo miedo. El camino no puede quedar trunco, así que yo espero, y busco, y no retrocedo.

   El camino está empedrado de luces brillantes de días y de pedacitos de lunas nocturnas, de eclipses que veo con el Dr. Zaïus y de rodajitas de pleno día, de cuando voy caminando con el Gran Rulemán. De paisajes que me mandan las almas de Twitter cuyos rostros no conozco, y de tierras con las que sueño permanentemente, con los ojos abiertos, con los ojos cerrados. El camino está empedrado de fragmentos de días, presentes y pasados, de imágenes de lo que haré mañana, de recuerdos de los días que me trajeron hasta aquí, de pensamientos como promesas acerca del día de mañana, cuando el camino será veinticuatro horas más largo.

images   El camino está sembrado de retratos. Ahora, todos los espíritus que llevaron a que mi libro salga, a que mi novela salga, y a este blog, están ya fuera de este mundo y me esperan fuera de él. Estarán siendo felices y descansando, en el camino ya fuera del tiempo, entre lunas verdes y nubes rosadas. Estarán conversando, estarán viendo, estarán recordando antes de seguir viaje. No pensarán en mí, que sin duda fui una piedrita pequeña en su camino, pero yo sí pienso en ellos, y estoy llena de agradecimiento.

   Me voy, que el suelo bajo mis pies y el cielo detrás de mis ojos me están tirando para adelante. Y también las otras manos que sentiré hoy, extendiéndose hacia las mías, en la oscuridad, para comenzar a bifurcar el camino. Voy hacia la arena.

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Los alegres zapallitos revueltos con las azarosas lentejas

salad-1250016__180   Siendo domingo a mediodía y, después de un sábado por la noche caracterizado por la ingesta de una apoteótica pizza de cantimpalo, lo más conveniente para tu particular metabolismo es ingerir estos alegres zapallitos revueltos, que colaborarán no poco para que tu barriga olvide tal pizza por completo. Tan loable propósito no ha sido el originario para confeccionar estos zapallitos, sino más bien el hecho de no haber recordado ayer la necesidad de hacer las compras en absoluto, en la obnubilación expectante por la pizza de cantimpalo. Así que ahora tenés que dedicarte a aprovechar a lo que hasta el momento permaneciera olvidado en casa. A saber: en la heladera, las tres cebollas y los dos zapallitos verdes del cajón de las verduras, los cuales compraste en la verdulería de Zona Sur, un trozo de una calabacita cultivada por Elsa, y media taza de lentejas de una marca que querías probar. Sal, vinagre de manzana y aceite de girasol, pero de eso tenés siempre. Ah, y dos de los maravillosos huevos de Alberto, pero usá uno solo porque, si los porotos de soja no se ablandan lo suficiente para la noche, no vas a tener nada para cenar. Podés usar ese huevo para hacer fideos, porque tenés harina común. Ni hablar de ir al Super de nuevo, que hace novecientos grados a la sombra. Sigue leyendo