The atoning (la expiación)

   Buenas y santas, queridos amantes del cine. Aquí estoy, como siempre, esforzándome y sacrificándome rudamente para poner a vuestro alcance toda esa filmografía que, por no contar con un abultado presupuesto o figuras glamourosas en su reparto, pasan desapercibidas a pesar de no carecer de lo que se dice calidad. Bueno, desconocidas pero que a mí me gustan, como se dice en lunfardo. El cine independiente o de bajo presupuesto puede conmigo, eso es bien sabido. Lo semejante atrae a lo semejante (borren eso último de bajo presupuesto; me gustaría ganar la Quiniela alguna vez).

En esta ocasión es una película que acabo de ver y que se llama La expiación. Aparentemente es muy sencilla, es lenta, la música incidental es discreta; es más, apenas hay. Tiene como nueve o diez personajes pero no aparecen todos juntos; es más, como la música, apenas aparecen.

Tres personas, una familia, viven juntas en una gran casa. Pasan algunas cosas raras. Te podés dar cuenta por el cartel de la película, por lo menos. Excepto que, a diferencia de otros casos, esta vez se guardaron de hacer spoiler desde el mismo cartel. Sí, esas manos negras aferradas a la cara de la mujer… Algo muy extraño pasa allí.

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Día en que el Detective Gómez se cruzó con éxito a un universo paralelo, resultando que siendo quién es el Detective, le importó una mierda, naturalmente

El día presente, por pedido de nuestro común amigo don Rulemán Balde de Vello, me dirijo a ustedes para ofrecerles una nueva (o muy, muy vieja) aventura del intrépido Detective Poroto Gómez. Como estoy estudiando para una nueva entrega dedicada a mi serie Lo que es la sensia, y el asunto es tan complicado que no acabo de leer artículos, me sugestioné y el cuento que decido presentar es éste… Ojalá que les guste el Surrealismo, y si no le echan la culpa al Gran Rulemán; no se puede quedar bien con todo el mundo.

♣♥♦

Pasó que el vino tinto esa mañana estaba como medio fermentado, pero la libación actual, por estar muy cercanamente emparentada con la anterior, tendió a perder cualquier conexión con ella en los registros del Detective, de manera que tanto hubiera dado que tuviera sabor a vino, a naftalina, a jugo de naranja, a cloro, a detergente o a pies. Así que el catador no dio en notar nada extraño. Pero inmediatamente, el Detective se paró de hocico contra el suelo y pasó a alucinar a una velocidad que ni siquiera en aquellas condiciones era propia del mezquino cableado subyacente, o subsecuente, o vaya uno a saber qué.

El Detective Gómez entró a poseer, al menos en el amanecer a tungsteno que caracterizaba su idiosincracia, cuatro pares de brazos cada uno dotado de una caja de tinto que, bebiera uno lo que bebiera, jamás se vaciaba. Además, el Detective incrementó su dimensión por dos veces y ahora se parecía a un enorme barril, por lo cual también él resultó dotado de una misteriosa facultad análoga, que hacía que bebiera él lo que bebiera, jamás se llenara. No sé por qué razón, asimismo aparecieron en la espalda del susodicho beodo reincidente consuetudinariamente doce alas como las que tienen los aguaciles, aunque para levantar la masa del Detective más bien se hubiera necesitado un helicóptero de los que tiene el Ejército. Ahora  él se hallaba preparado para comenzar su largo viaje.

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Villa Eugenia

El bodegón era como todos los bodegones alrededor del mundo, pero necesitaba mantenimiento porque el cáncer de Don Cosme y las malas cosechas se lo habían llevado mucho antes que a Don Cosme. Gaspar tuvo que regatear para disimular. Le dio vergüenza que le pidieran tan poco dinero.

La barra estaba bien surtida y los clientes quedaban contentos. El pueblo era pequeño y en el bodegón existían el fiado, el domingo, el truco y la hora de la siesta. Era el lugar en donde Gaspar hubiera debido vivir siempre, si hubiera tenido el coraje, más que pensarlo como un último recurso.

Pero además de tener el Hambre, a Gaspar le gustaba la gente.

Las noches se volvían secas y oscuras sobre los caminos pedregosos o la ruta desierta que Gaspar debería transitar para comer. Necesitaba hacer mucha distancia, porque en el pueblo todas las caras tenían nombre e historia, y a medida que los días pasaban también los iban teniendo para Gaspar. Caras con colores, caras como mapas de una vida pasada al sol, con trabajo, con varicela, con alfajorcitos de maicena, con partos, con nietos, y con todas esas cosas que él veía pasar tras una vidriera, cuando deambulaba al atardecer. A Gaspar le tomaba pocos minutos recorrer, visualizar, amar una cara. Rosario había sido muy difícil; Villa Eugenia era mucho peor, aún cuando nadie le hubiera sabido decir por qué se llamaba Villa Eugenia.

A veces Gaspar alzaba la mochila al hombro, y se subía a un camión solamente para conversar. Y otras veces se hacía dejar en la ruta con cualquier pretexto; casi llegaba hasta la entrada a Rosario. Y subía a los murciélagos y conversaba más. Aunque las voces parecían las de la radio fuera de sintonía y sólo captaba fragmentos de noticias cotidianas, oscuras, algún desvaído y sorprendido saludo, pensamientos de amistad, de sangre y a veces de nostalgia. Era como mirar fotos viejas. Aunque como siempre, a Gaspar le costara tanto escuchar en lugar de pensar, aún después de trescientos años. Mucho más ahora, cuando realmente le costaba encontrar la manera de distraer el Hambre.

Ser el único vampiro de un pueblo de ochocientos habitantes tenía su precio.

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Las novedosas salchichas veggies del Dr. Zaïus

Acá el Dr. Zaïus, a quien parece que le ha dado por las innovaciones culinarias, nos ofrece nuevamente uno de los frutos de su investigación en el área, a ver si alguna vez lo hacemos y nos gusta, que imposible no es. Dice el Dr. Zaïus, y cito:

“Ésta me gusta más porque no tienen soja”

(El autor no aclara si su prevención es contra la soja, o sólo contra cierta inflamación que ésta suele producir en la pancita, a veces acompañada de algunos fenómenos que recuerdan a los meteorológicos previos a una buena tormenta eléctrica)

Ingredientes:

250 gr de garbanzos
100 gr remolacha
100 gr zanahoria
100 gr cebolla
50 gr de champiñones
100 gr de palta
100 gr de tomate
½ taza de pan rallado
Sal
Mostaza

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A dark song

   Hace unos días me ha estado torturando el pensamiento acerca de esta película, A dark song, que hace mucho tiempo que quiero comentar pero no me animaba, principalmente porque le tenía un poco de miedo aunque a mí me atrae todo lo que sea curioso de una manera macabra, porque nunca estoy segura de hasta dónde podemos llegar, ¿no?

Te había dicho cuando te conté sobre Deep dark que era oscura, aunque con cierto humor, y jugaba con cosas con las que nadie debería jugar porque no se entienden, porque no se sabe de dónde vienen… en fin, ese tipo de cosas. El tipo de cosas peligrosas.

A dark song es mucho peor. Deep dark juega. Da lugar a que te hagas preguntas, tejas ideas y destejas, y trates a la película como si fuera un cubo de rubik. No se te ocurra hacer eso con A dark song.

El título no puede reflejar el argumento de la película de una manera más fiel.

Yo voy a evitar hacer spoiler todo lo posible. Por favor, si podés encontrarla por tu parte, vela si es de tu tipo. Pero es posible que no lo sea.

Te advertí respecto de Los ojos de mi madre, y te advierto sobre A dark song. Aunque Los ojos de mi madre sea tan horrorosa porque es realista, A dark song es horrorosa porque el poco realismo que tiene es del que te lleva tan adentro, que después ya no tiene ninguna importancia. Son dos películas muy, muy duras. Concretamente con A dark song, si sentís prevención hacia los temas esotéricos, abstenete. Lo poco que recuerdo me hace estremecerme.

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