Archivo de la etiqueta: Poroto Gómez’s adventures

Día en que el Detective Gómez se cruzó con éxito a un universo paralelo, resultando que siendo quién es el Detective, le importó una mierda, naturalmente

El día presente, por pedido de nuestro común amigo don Rulemán Balde de Vello, me dirijo a ustedes para ofrecerles una nueva (o muy, muy vieja) aventura del intrépido Detective Poroto Gómez. Como estoy estudiando para una nueva entrega dedicada a mi serie Lo que es la sensia, y el asunto es tan complicado que no acabo de leer artículos, me sugestioné y el cuento que decido presentar es éste… Ojalá que les guste el Surrealismo, y si no le echan la culpa al Gran Rulemán; no se puede quedar bien con todo el mundo.

♣♥♦

Pasó que el vino tinto esa mañana estaba como medio fermentado, pero la libación actual, por estar muy cercanamente emparentada con la anterior, tendió a perder cualquier conexión con ella en los registros del Detective, de manera que tanto hubiera dado que tuviera sabor a vino, a naftalina, a jugo de naranja, a cloro, a detergente o a pies. Así que el catador no dio en notar nada extraño. Pero inmediatamente, el Detective se paró de hocico contra el suelo y pasó a alucinar a una velocidad que ni siquiera en aquellas condiciones era propia del mezquino cableado subyacente, o subsecuente, o vaya uno a saber qué.

El Detective Gómez entró a poseer, al menos en el amanecer a tungsteno que caracterizaba su idiosincracia, cuatro pares de brazos cada uno dotado de una caja de tinto que, bebiera uno lo que bebiera, jamás se vaciaba. Además, el Detective incrementó su dimensión por dos veces y ahora se parecía a un enorme barril, por lo cual también él resultó dotado de una misteriosa facultad análoga, que hacía que bebiera él lo que bebiera, jamás se llenara. No sé por qué razón, asimismo aparecieron en la espalda del susodicho beodo reincidente consuetudinariamente doce alas como las que tienen los aguaciles, aunque para levantar la masa del Detective más bien se hubiera necesitado un helicóptero de los que tiene el Ejército. Ahora  él se hallaba preparado para comenzar su largo viaje.

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Relaciones peligrosas del Detective Gómez

Ojalá lo disfrutes; adoro éste.

“Inspirado” en la magnífica obra de Pierre Choderlos de Laclos, “Las relaciones peligrosas”, sobre la cual además se han hecho varias películas, todas buenísimas, pero no tanto como el libro original.

O esta distinguida “adaptación”, je je.

 

Relaciones peligrosas del Detective Gómez

Carta de la Pepita a la Gerónima

Gero querida:

Apenas me contaste lo del Facundo me apuré a preguntarle a la Teresa, pero ella no sabe más de lo que me dijiste vos. Al Poroto avisale vos de todo, y encargale que busque él el reloj de la abuela, ya que el Facundo es loco y además si lo faja el Poroto peligro que ni se entere. Que hay que pararlo hay que pararlo, antes de que mi marido se quede sin zapatillas y vaya y lo agarre él, o el tuyo, si descubre que es el Facundo el que se está afanando los calzones de la soga.

A propósito, si lo ves tené cuidado con el Facundo que no sé si serán las malas lenguas, pero la Teresa me dijo que en Caseros desde que él salió hay menos ladillas, porque se las llevó casi todas. A lo mejor lo podemos averiguar por el lado del Poroto.

Vos cuidate.

En no importa dónde, quién sabe cuándo.

 

Carta de la Gerónima a la Pepita

Pepi de mi alma: Muy atento lo tuyo de esta mañana. Qué suerte que yo agarré la carta antes que el Manolo, que si no iba a ver cuántos botines salen de una vaca, y a lo mejor hasta vos también; lástima que no hayamos tenido tiempo para hablar personalmente. Pero bueno, ya está. Lo importante ahora es que vos sepas que con el Poroto ya hablé, que prometió buscar el reloj de la abuela y una vez que entendió que era un rescate y no una compra, también prometió dejarnos los honorarios baratos. Yo por mi parte le prometí que, si pensaba cobrar, me las iba a arreglar para hacerle parir un sifón, pero no sé si entendió, así que si va por tu casa con el reloj y quiere cobrar, soltale al Bartolo nomás.

En cuanto al Facundo, me trajo unos regalos muy lindos aunque insiste en no saber nada del reloj. Hay unas bombachas de encaje todas bordadas que tienen unas iniciales y me hacen acordar de las que te regalamos con las chicas para el casamiento; te las dejo porque igual a mí no me entran, pero hervilas antes de usarlas, porque a estas alturas medio estoy empezando a pensar que las fuentes de la Teresa son sólidas.

En la puerta de la casa de la Pepita, porque no estaba.

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Parkinson Gómez en Transilvania (un incidente no aislado)

Después de tanto canto y tanta guitarra con los vampiros, ¿y me había olvidado del sórdido pasado de la estirpe del detective Gómez? No sé cómo disculparme; acaso esta modesta reparación sea suficiente.

***

cristian-1622715__340   Una vez, cierto lejanísimo antepasado del Detective Gómez (cuyos propios orígenes genealógicos no estaban menos perdidos en el tiempo) fue llamado a cumplir una extraña misión a algún territorio de mierda como Transilvania, me parece. Ese país era pequeño y tenía poco ganado que criar, una cantidad de grano escandalosamente mísera para cosechar y un clima que hubiera convertido el turismo en una abyecta perversión, algo así como irse de luna de miel a Cañada de Gómez (que no al pedo tiene ese nombre; algún día lo voy a contar).

   El negocio principal de ese territorio de porquería era fundamentalmente la construcción, la venta, la compra, la venta, la compra, la venta, la compra, la venta y el eventual derrumbe de los abundantes castillos que se levantaban pared contra pared, luego de abrir un espacio entre las  piedras que tachonaban cada fracción del suelo. El derrumbe era para tener la excusa de hacer un castillo nuevo más o menos libre de humedad, lo cual nunca sobraba, ya que el agua en la atmósfera era tal que las piedras con frecuencia parecían más que nada esponjas sucias. Además, si no, los nobles que se habían clavado comprando tierras ahí se aburrirían y los campesinos se morirían de hambre. Porque había muchísimos campesinos.

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Leprechauns y Detective Gómez

art-214996__180   Yo no sé lo que son los Leprechauns, pero Poroto Gómez sí que sabe. Una noche se aparecieron en su casa y no se dejaron de joder por lo menos durante un mes. Qué carajo, con los Leprechauns. Decí que el Detective Gómez estaba más que acostumbrado a cosas como elefantes rosados, pequeños bichitos negros que picaban, unos grandes que competían con él por la pizza y otros de formas irreproducibles (puesto que sólo pertenecían a la peculiar idiosincracia del Detective), que si no los hubiera echado en seguida a patadas en el culo. Aquello se pasaba de la falta de respeto.

   Los Leprechauns eran unos duendecitos chiquitos y verdes que tenían muy poco sentido de la oportunidad, y no estoy la verdad muy segura de que el Detective Gómez los distinguiera de los Pitufos, especialmente después de incorporarse cierta cantidad de tinto, como resultado de lo cual la diferencia cromática, y cualquier otra, eran perfectamente capaces de perderse en el horizonte. En todo caso, el Detective Gómez tenía claro que los odiaba.

   Saltaban y saltaban sobre la panza del Detective, y lo que era mucho peor, a veces lo dejaban sin vino.

– Salgan de acá- decía el Detective, y ellos que esta noche, que mañana, que estaban aburridos, que afuera hacía frío, que había mucho viento, que una vez les había pasado en Noruega de salir con semejante clima y habían terminado sobre la región de Mälström, con una llovizna finita brotando desde abajo hasta sus caras con una potencia, que casi se cagan ripples-1313730__180encima del susto.

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Detective Gómez y Chupacabra

forest-549664__180      Yo ignoro en qué consiste ese asunto del Chupacabra, pero es otra de las cosas que el Detective Gómez conoce según su experiencia vital y por haberlo sufrido en carne propia. Al Detective lo mandaron en cana varias veces por causa del desgraciado bicho, con lo supersticiosa que era la gente de aquel pueblo (el Detective Gómez era como un antibiótico para todo tipo de mitologías).

   Sucedió que estando él de visita en lo de de unos parientes, el ganado comenzó a fenecer miserablemente en los campos. También algunas liebres y vizcachas. Entonces y basados en acontecimientos previos, los tíos dieron inmediatamente en sospechar del oscuro pasado del Detective cuando vivía por aquellos pagos. Todo porque a veces habían encontrado algunas vacas y ovejas fuera de los corrales, con un pronunciado olor a colonia masculina, y que luego desarrollaron la costumbre de darle la espalda al Detective Gómez cada vez que lo veían [1]. También algunas liebres y vizcachas.

   Así que los vecinos primero exigieron al Detective satisfacción económica por el ganado sacrificado y luego lo echaron del pueblo, porque aunque pagara y quedaran como amigos a la larga al Poroto era mejor extrañarlo que tenerlo cerca. Pero luego de dos cheques de goma y antes de que el micro se alejara tres kilómetros, cinco ovejas y una vaca se habían ido a dar leche al cielo, dos gallinas acostumbradas a poner huevos en cualquier parte aparecieron en condiciones de adornar vestidos y sombreros, y unas viejas a las que les gustaba salir a caminar, se encontraron con perdices cuya identificación quedaba enteramente a cargo de sus cataratosas pupilas.

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