Archivo de la etiqueta: Y Mads Mikkelsen

Una nueva aventura de vuelta en el Planeta Rosquita. Con el Gran Lama del Universo Labaranda del Cantimpalo. Y el Hombre Caniche. Y el Dr. Zaïus. Y el Ex-Gran Rulemán Balde de Vello. Y los Ángeles del Ex-Gran Rulemán.Y Mads Mikkelsen.

No había pasado mucho tiempo desde el regreso de todos los ilustres habitantes al Planeta Rosquita, cuando ya todos se encontraron sumidos en aguda contrariedad.

Para empezar, el Dr. Zaïus se había olvidado las ventanas abiertas, como se dejaban usualmente para ventilar, y todo el foyer del Palacio estaba lleno de tierra, hojas de árboles, papeles de chocolatito y basuras diversas. Había algo de caca de murciélago y lánguidas briznas de pasto seco enredadas en los flecos dorados de la alfombra persa; las largas y níveas cortinas de voìle habíanse rasgado de punta a punta y ondeaban enloquecidamente en los remolinos de vientos huracanados que, sin la menor intención de discriminar, no oponían reparos al tratar de llevarse desde los pelos de las rastas de Mads Mikkelsen hasta Mads Mikkelsen, pasando por la túnica del Lama Labaranda del Cantimpalo, enrollada alrededor de su cuello como una bufanda para brindar un espectáculo poco decoroso. El Dr. Zaïus, desconcertado ante la violencia de las corrientes de aire, ostentaba un aparatoso peinado afro con incrustaciones de palitos de helado y boletos de colectivo hechos pelotita.

Sigue leyendo

Anuncios

La Gran Aventura de la Expedición por el Planeta del Doctor Zaïus. Con el Ex-Gran Rulemán Balde de Vello y sus Ángeles. Y el Gran Lama del Universo Labaranda del Cantimpalo. Y el Hombre Caniche. Y Mads Mikkelsen.

Al empezar el enjundioso viaje de descubrimiento del ignoto cuan nuevo planeta, todos los circunstantes padecían una gran preocupación. El planeta era boscoso, montañoso y tenía una variedad de bichitos que picaban una barbaridad, y como el planeta estaba a corta distancia de su estrella (una enana amarilla que le daba al hidrógeno como loca) hasta a la noche la temperatura atmosférica promediaba una temperatura que había hecho bolsa todos los termómetros de la expedición. Además, todos los cursos de agua dulce, de los que había una gran cantidad, poseían una vida bacteriana de considerable perfidia, que había ocasionado a los expedicionarios una diarrea de especial virulencia.

Por supuesto, el Ex-Gran Rulemán Balde de Vello era el más ofuscado. Entre la humedad y la carencia de enchufes en el planeta, su magnífica cabellera pendía en mechas oleosas e informes, el Microondas Inmortal, ocioso, pesaba como una maldición de vieja y su fantástico atuendo se enganchaba con todo y se estaba llenando de pelotitas, la capa especialmente. Para colmo, de tanto sacarlo y ponerlo dentro de la sagrada mochila su amado espejo de plata se había rayado todo, y ahora cuando el Ex-Gran Rulemán se miraba se veía parecido a Frida de ABBA y además semejaba tener tres ojos.

Sigue leyendo

Las aventuras en el planeta del Dr. Zaïus. Con el Ex-Gran Rulemán Balde de Vello. Y el Gran Lama del Universo Labaranda del Cantimpalo.Y el Hombre Caniche. Y Mads Mikkelsen.

En el planeta del Dr. Zaïus reinaba la más honda confusión, como siempre que se hace una mudanza. El planeta acababa de serle concedido, habían caído todos de visita como peludo de regalo (cosa que también acostumbra pasar durante las mudanzas), y nadie sabía nada de tal planeta, su geología, propiedades y recursos, y muchísimo menos adónde comprar facturas y gaseosa como para no visitar con las manos vacías. Por decir algo, todos pudieron notar en seguida que hacía un calor de todos los diablos del infierno.

-¡Pero qué barbaridad! -tronó el Dr. Zaïus- Yo le pedí a Nadie un planeta propio, pero estas condiciones son insultantes.

El Lama Labaranda del Cantimpalo se dio un sopapo en la frente para ahuyentar un mosquito capaz de mandarlo al hospital con anemia. Pensativo, se miró la mano mojada de rojo y se la limpió concienzudamente con el borde de la túnica. Estaba usando unas ojotas de cuero trenzado, muy lindas.

-Al menos usted tiene un planeta- observó el Lama Labaranda.- Esa persona anda otorgando mundos a mansalva, mientras que los que nos dedicamos a cultivar los misterios del espíritu toda la vida permanecemos de invitados en un monasterio piojoso, en un planeta ajeno sometido a un principiante…

Entonces saltó el Ex-Gran Rulemán Balde de Vello, con una mirada flamígera bajo el arco furioso de sus magníficas cejas recién peinadas.

Sigue leyendo

La Gran Aventura en el Planeta del Dr. Zaïus. Con el Gran Rulemán Balde de Vello y los Ángeles. Y el Gran Lama del Universo Labaranda del Cantimpalo. Y el Hombre Caniche. Y Mads Mikkelsen.

Aquel día no era de los mejores en el planeta del Dr. Zaïus. Como tal obligación le había sido impuesta a Nadie de mala manera, aquella se hallaba no poco disgustada al respecto y, al momento de diseñar el planeta, incurrió en una serie de disposiciones encaminadas a expresar su patente malhumor, desquitándose haciendo de la vida de todos un lento y doloroso proceso.

El planeta del Dr. Zaïus se hallaba dotado de siete lunas, y formaba parte de un sistema en donde había tres soles, alrededor de los cuales el planeta orbitaba describiendo la forma de un ocho. Siempre era de día, por las buenas o por las malas. Incluso a veces había eclipses de luna dobles o triples, o tres o cuatro lunas llenas a la vez, y ya se sabe lo que esto produce en la astrología, o la psicología de las personas o quién sabe qué. Bueno, los eclipses también.

Suerte que con semejante confusión ni las Nornas sabían cuándo sí y cuándo no, por lo cual era prácticamente imposible hacer magia o ningún tipo de ritual en aquel planeta.

Particularmente indignado se encontraba el Gran Rulemán Balde de Vello.

Sigue leyendo

Una nueva aventura del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Lama Labaranda Del Cantimpalo. Y los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello. Y Mads Mikkelsen

En el Palacio Real del Planeta Rosquita, aquella mañana fría y nublada habíase abatido la desazón. El Gran Rulemán andaba por todo el amplio foyer,  agitando sus brazos en enloquecidos molinetes con gran tintineo de runas, al punto tal que su magnífico cabello se levantaba en puntas psicóticas, aunque elegantes, y profería improperios sin sentido, aunque por supuesto esto se prestaría a confusión dado su habitual entendimiento. El Dr. Zaïus le explicaba sobre la rueda del Samsara a Melissa, parado sobre su hombro porque seguía convertido en tero, así que al principio no se dio cuenta de nada. Pero Mads Mikkelsen, que acertaba a pasar por ahí con una palita portando las gracias del Hombre Caniche, no tardó en traerlo a la realidad, al responder a cierta ofensiva declaración del ilustre personaje.

– Vea que no está bien hacer acusaciones sin pruebas -le dijo al Gran Rulemán, ya que todavía se acordaba de su representación detectivesca en la película que había protagonizado con el Hombre Caniche, e incluso había rehusado cortarse las rastas.

– ¡Pero de qué está hablando, vikingo paseador de perros! ¡Ahora me va a decir que el Palacio fue infestado por alguna plaga con dientes gigantescos que pueden COMER RUNAS DE CRISTAL SWAROWSKI REDUCIÉNDOLAS A PEDACITOS MINÚSCULOS, JUNTO CON TEXTOS SAGRADOS QUE ME COSTARON UNA FORTUNA EN INTERNET, IGUAL QUE LA BOLSITA DE TERCIOPELO BORDADA EN ORO DE LAS RUNAS! ¡JUSTO COMO ESOS HILITOS DE LA PALA QUE ESTÁ USTED SOSTENIENDO, APESTANDO EL MEDIO AMBIENTE, Y ADEMÁS IMPREGNANDO CON EFLUVIOS REPUGNANTES MI FANTÁSTICO ROPAJE!!! ¡Y DE PASO, TENGO MEDIO CACTUS COMIDO! ¡MI YGGDRASIL!!! – declaró altisonantemente el Gran Rulemán, con el egregio índice en el aire.

– Bueno, pero qué quiere que haga, no iba a dejar ésto arriba de la alfombra persa… -respondió Mads Mikkelsen.

– ¡LA ALFOMBRA PERSA! ¡POR LAS SAGRADAS NORNAS DUEÑAS DEL DESTINO! ¡POR HERMES TRISMEGISTO! ¡POR MITRA Y TODOS LOS DEMÁS QUE NO ME ACUERDO! – gritó el Gran Rulemán, alzando los brazos al cielo. – ¡PLUGUIERA A ODIN TODOPODEROSO QUE NO LA HAYA MORDISQUEADO TAMBIÉN!

– Bueno, flecos ya tenía… – respondió Mads Mikkelsen, desapareciendo con la palita sin hacer ulteriores declaraciones.

Sigue leyendo